Dibujo de Carmen Martín Gaite, escritora y autora de 'El cuarto de atrás'

‘El cuarto de atrás’, de Carmen Martín Gaite: qué puedes aprender sobre escritura y lectura

El cuarto de atrás, de Carmen Martín Gaite, “es una novela sobre el misterio de la escritura“, en palabras de Gustavo Martín Garzo. La escritora salmantina mezcla en ella el género fantástico con el libro de memorias y el ensayo. En concreto, un ensayo sobre el oficio de escribir, como dice el propio Martín Garzo en el prólogo de la edición de Siruela de 2009. Cátedra publicó una edición comentada en mayo de 2018.

Si te dedicas a la escritura (novelas, relatos, no ficción…), leyendo El cuarto de atrás puedes identificarte con lo que pensaba Martín Gaite. Si no te dedicas a ello, pero te interesa el mundo o la lectura, podrás saber cómo trabajan o en qué situaciones se pueden encontrar escritoras y escritores, lectoras y lectores.

Así, como ya hice con la película El autor, aquí van algunas lecciones que se pueden sacar de El cuarto de atrás. Y junto a ellas, unos buenos post de otros blogs de escritores. Con ellos, sabrás qué opinan sobre temas que toca el libro de la autora salmantina. Pero antes de nada…

De qué va El cuarto de atrás

El cuarto de atrás cuenta la historia de una escritora (trasunto de Carmen Martín Gaite) que recibe la visita nocturna de un desconocido. Con él, recuerda su infancia y juventud en Salamanca, Madrid y otros lugares de España. También, la Guerra Civil y la posguerra. Los recuerdos personales se mezclan con reflexiones sobre la escritura. El cuarto de atrás del título es una sala de la casa de Salamanca, en la que ella y su hermana jugaban de pequeñas.

Salamanca, ciudad en la que nació Carmen Martín Gaite, autora de El cuarto de atrás
Salamanca (imagen: Pixabay)

¿Y qué puedes aprender sobre lectura y escritura en El cuarto de atrás?

Impulsividad para escribir

Al comienzo de El cuarto de atrás, la protagonista ve un libro en el pasillo de su casa: Introducción a la literatura fantástica, de Tzevetan Todorov. Lo había leído, había tomado notas y había decidido al terminarlo que escribiría una novela fantástica. Sin embargo, el proyecto languideció con el paso del tiempo:

Cuando lo acabé, escribí en un cuaderno: “Palabra que voy a escribir una novela fantástica”, supongo que se lo prometía a Todorov, era a mediados de enero, cinco meses han pasado, son proyectos que se encienden como los fuegos fatuos, al calor de ciertas lecturas, pero luego, cuando falla el entusiasmo, de poco sirve volver a la fuente que lo provocó, porque lo que se añora, como siempre, es la chispa del encuentro primero.

Si eres escritora o escritor, puede que te pase lo mismo. Que tu idea languidece o que ya no le ves atractivo. Y te puede pasar con un libro, como a ella, o con un cuento, más pequeño. Si tienes una idea para un relato, hay que evitar el error que nos advierte David Generoso: “Comenzar el relato hoy y terminarlo el mes que viene”. Cuando leí esa parte de la novela me acordé de ese post que él había escrito.

Lo que le pasa a la narradora de El cuarto de atrás es lo que describe Generoso: “Nuestro estado de ánimo habrá cambiado y eso afectará a la historia y a los personajes”. Al menos, como dice él, hay que escribir un borrador, y ya habrá tiempo de corregir. Por cierto, que este escritor ha comenzado un reto, #UnAño52Relatos, por el que escribirá y publicará un relato cada semana, durante un año.

La literatura como refugio (y terapia)

Repasando momentos de su vida y de su trayectoria literaria, la narradora pregunta al visitante si él cree que ella usa la literatura “como refugio”. Él opina que sí, pero que no le “vale de nada”. Ella responde: “Ningún refugio vale de nada, pero no se puede vivir al raso”.

La conversación continúa, pero detengámonos aquí. Sí, la literatura puede ser un refugio para lectoras y lectores que buscan evadirse de sus problemas, pasar un buen rato o conocer nuevos mundos. También para escritoras y escritores: les sirve para plasmar las ideas a través de la ficción o del ensayo, o para calmar su mente de aquello que les atormenta. Yo sí creo que la literatura puede ser algún tipo de refugio.

Y como autor, los ejercicios de escritura terapéutica, como los de Diana P. Morales, ayudan a ordenar la cabeza, ese cuarto de atrás donde se acumulan las ideas y pensamientos. Refugiarnos en ese cuaderno para vaciar la cabeza nos hará bien. No hace falta que luego lo mostremos, pero plasmarlo en el folio ayudará a aclararnos, emocionarnos o reírnos. Eso sí, como advierte Morales, esto no siempre es un sustituto de la ayuda profesional.

Los cuentos bonitos y la noción del tiempo

Más adelante, la narradora recuerda los años de su infancia en las que vivió en Cáceres. En concreto, la casa en la que vivía. Ese recuerdo se mezcla con otro: un día pidió a su madre que dibujara un plano de aquellas habitaciones. Ambas se enfrascan de tal manera en la tarea que se les olvida poner la mesa para comer. “Yo le dije que los cuentos bonitos siempre hacen perder la noción del tiempo y que, gracias a ellos, nos salvamos del agobio de lo práctico”, dice.

Un plano como el que se dibuja en El cuarto de atrás, de Carmen Martín Gaite
Imagen: Pexels

Relacionado con la idea de literatura como refugio, si una historia está bien escrita y engancha hace que las horas pasen sin percibirlo. El psicólogo y escritor Miguel Ángel Fecé Allué me lo explicaba: es el concepto de flujo o flow,  “un estado de abstracción y concentración a la vez en algo que se disfruta”, y donde se pierde “la noción del tiempo”. Justo días antes de leer ese fragmento leía un artículo sobre el tema, que ahora no encuentro. Lástima.

El título dice mucho (y la portada, también)

Ya casi al final de El cuarto de atrás nos encontramos con otra lección para las personas que escriben y las que leen. El desconocido toma un cuaderno con el proyecto en el que trabaja la sosias de Martín Gaite. El título provisional es Usos amorosos de la postguerra. “No me gusta nada”, dice el desconocido. “Bueno, el título sería lo de menos”, responde ella. “No lo crea, condiciona mucho”, le replica el otro.

Y lleva razón. El título condiciona; ha de enganchar, atraer… a los lectores cuando vean la portada. Y esta también ha de ser atractiva. Ambos elementos tienen que combinar a la perfección. Si el desconocido quisiera convencer a Carmen Martín Gaite, debería enseñarle un post de Mariana Eguaras sobre cómo elegir el mejor titulo para un libro. Son muchos los factores que influyen en ello (fuente, espacio entre letras…). Entre los dos, seguro que encontrarían el título perfecto y cómo encajarlo en la portada.

Por su parte, Ana Nieto, de Triunfa con tu libro, tiene 10 motivos por los que no se vende un libro. El primero es que la portada “no destaca”. El segundo, que “el título no engancha”. ¿Es el visitante de Carmen Martín Gaite un viajero del futuro que ha leído los post de Eguaras y Nieto? Esta última recomienda que lo enseñemos a varias personas fuera de nuestro círculo más íntimo para conocer su opinión. Sin pretenderlo, la narradora ya se lo ha enseñado a un desconocido. Le faltaría alguno más.

¿Has leído El cuarto de atrás? Si es así, ¿qué más aprendiste con él? ¿Qué otros post recomendarías? Lo puedes contar en los comentarios.

La imagen principal es de Wikipedia.

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