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Google Drive, Evernote y Word: el ‘legado manuscrito’ de los escritores del futuro

En 2011, el poeta catalán Joan Margarit hizo una donación muy especial a la Biblioteca Nacional de España (BNE). Legó 2000 documentos de su archivo. Y también, su ordenador personal. Lo contaba el diario El País en un reportaje. El autor, Javier Arroyo, escribía que “es fácil prever que las cajas de legajos y libros dejarán en unos años de llegar a esas bibliotecas y fundaciones. Un espacio que ocuparán los discos duros”. Opinaba lo mismo María José Rucio, jefa del Servicio de Manuscritos e Incunables de la BNE: “Lo que llegará en adelante será una versión muy próxima a la edición impresa, por lo que esta posibilidad de revisar el proceso de creación de la obra se empobrece o anula”.

Además, las cartas entre escritores se están perdiendo: todos usamos el correo electrónico. La mayoría de mensajes son “correos de asuntos cotidianos, sin relevancia e imposibles de ordenar y clasificar”, describía Margarit en el mismo reportaje. En su lugar están las conversaciones en redes sociales o los artículos de los blogs.

Mientras vemos las tendencias (la BNE se sigue haciendo con manuscritos), ¿qué hacen los escritores actuales? ¿guardan los manuscritos, si escriben a mano? ¿o las diferentes versiones digitales del relato, novela…? Una vez publican sus libros, ¿eliminan estos archivos? Hay diferentes tendencias.

Google Drive: el archivo sobreescrito continuamente

Google Drive tiene un procesador de textos en la nube, Google Docs. Además de permitir a varias personas trabajar en un documento a la vez, guarda las diferentes versiones en el mismo archivo. De esta manera, podemos volver a una de ellas a recuperar algo. Estas versiones se pueden renombrar, para facilitar su búsqueda.

Yo trabajo con Google Drive y Docs, por lo que en un solo archivo están todos los cambios que he hecho. La escritora y educadora Mavi Pastor tiene el mismo método: “Escribo en Google Drive y generalmente reescribo en el mismo documento, a no ser que sean cambios mayores. En ese caso guardo con el título de la obra y versión 1, 2, 3…”, me cuenta.

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(Imagen: 3093594 | Pixabay)

Los manuscritos ahora son archivos de Microsoft Word

Microsoft Word es quizá el procesador de textos más difundido. Es normal que muchos escritores trabajen en él para los borradores o versiones finales de sus obras. A diferencia de Google Drive, no sobreescribe para guardar en un mismo archivo todos los cambios y recuperarlos en el futuro.

Cristina Parada Fraga es una de las escritoras que usa Microsoft Word. Ella no guarda los diferentes archivos o versiones, sino que reescribe encima. Sin embargo, “lo que sí guardo son luego los borradores de las distintas fases de corrección por las que han pasado los manuscritos”, explica. Al papel regresa para hacer la primera corrección “oficial”, como la llama ella: “Es muy importante para mí hacerla en papel”. Además, mantiene “un cuaderno con espiral” para escribir poesía. El escritor Sergio Alfonso Alaya Santamaría escribe también casi siempre con Word, aunque hace poco probó Google Drive.

“Guardarlo casi todo”

Pero todavía hay escritores que guarda sus manuscritos, para alegría de archivos y bibliotecas. Es el caso del escritor Javier Rumegó: “Yo soy un Diógenes para estas cosas. Guardo casi todo. Los apuntes que escribo a mano en mis cuadernos, alguna nota, cualquier cosa que haya usado”, me explica. Luego, utiliza Word para trabajar con esos textos: “Voy creando diferentes versiones según voy avanzando para asegurarme puntos de control, que nunca se sabe lo que puede pasar con los ordenadores”.

También es el caso de la escritora Sonsoles Fuentes, que guarda mucho material en papel: “Yo escribo a mano el primer borrador del manuscrito, después de muchas notas en cuadernillos. Las notas las tiro, y ese primer manuscrito a mano lo guardo”. Pero no querría que estos manuscritos trascendieran: “Preferiría tirarlos antes de morir, porque me causan una terrible vergüenza”. Si los guarda es porque pueden contener “material descartado para la novela pero reutilizable para otros trabajos, como los artículos del blog”. El segundo borrador, ya transcrito a ordenador, “lo imprimo, corrijo, tacho unas partes, amplío otras, y también lo guardo”.

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(Imagen: Kiwihug | Unsplash)

Evernote: otro repositorio de manuscritos

Evernote es una herramienta web que guarda notas, escritos, audio… como si se tratara de los viejos blocs de notas. De hecho, incluso se puede planificar una novela con Evernote. Claudio Navarro es uno de esos escritores que lo usa para tomar apuntes; así, lo que registra allí queda “para el recuerdo”.

A la hora de escribir su obra (es autor de ciencia ficción y fantasía), trabaja con diferentes archivos por versiones. Además, “cada novela tiene su propia carpeta donde guardo todo lo relacionado con ella. En suma, no borro nada”. Un filón para futuros investigadores.

Escribir a mano y reciclar

Yo, como Javier y Sonsoles, escribo a mano, pero al pasar a Google Drive rajo esos papeles y los reciclo. Mi legado (si es que a alguien le interesa) queda en la nube, en el procesador de textos, en la web o incluso en las tarjetas de Trello que archivo.

El diccionario de la RAE dice en la tercera acepción de ‘manuscrito’ que es el “texto original de una publicación”. A falta de muchos textos escritos a mano (los que recoge la segunda acepción), archivos, universidades y bibliotecas se deben preparar para recibir discos duros externos y cuentas en Evernote: la evolución de aquel ordenador personal que Joan Margarit legó en 2011.

La imagen principal es de sik-life | Pixabay.

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One thought on “Google Drive, Evernote y Word: el ‘legado manuscrito’ de los escritores del futuro

  1. ¡Buen artículo José Manuel! Coincidimos también en el uso de Trello para organizar las tareas. Allí apunto tarjetas de documentación con enlaces a los originales y registro el proceso de escritura tachando cada una de las escenas.
    Un saludo.

  2. Yo, como tú, escribo a mano, pero o utilizo papel reciclado que ya tiene algo en la parte de atrás o utilizo las dos caras del papel, por lo que no me sirve para más reutilización. Así que lo guardo en una carpeta con el nombre de la obra y el año en que terminé de escribirla.
    Igual dentro de doscientos años se subastan por millonadas, con todos mis tachones y mi letra incomprensible
    Un abrazo, Jose Manuel. Muy interesante artículo

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