Las memorias de un adicto a los marcianitos: humor, nostalgia y sacerdotes pederastas

Martin Amis

“Jipis pasmados y renqueantes atraídos por las luces; escolares de uniforme (fascinados, aterrados) que llaman ‘señor’ a todo el mundo; pederastas de manual y (en Nueva York) publicitarios enrollados de Madison Avenue o niños prodigio del MIT que disfrutan de su pausa para el café y la raya de coca”. Así describe el novelista británico Martin Amis los recreativos de los años 80 en La invasión de los marcianitos (editorial Malpaso), sobre la que puedes seguir leyendo en Hoja de Router.

Imagen: British Council de Rusia

“Lamentablemente estamos bien”, de Leila Macor

Rambla de Montevideo al atardecer. Febrero de 2013.

Hay muchas maneras de conocer las costumbres de los uruguayos. Una de ellas es, cómo no, viajando a Uruguay y viviendo con ellos. Pero para quien no quiera o no pueda hacerlo quedan otras opciones, como la lectura. Una divertida y ligera recomendación es el libro Lamentablemente estamos bien, de mi compañera y amiga Leila Macor.

Leila es una periodista venezolana que durante un tiempo estuvo escribiendo una columna semanal en una revista del periódico uruguayo El Observador. En ella desgranaba todo lo que le llamaba la atención de la forma de ser de los uruguayos desde su óptica extranjera. Lamentablemente estamos bien recoge esos textos y otros nuevos en los que predomina el humor, la ironía y el costumbrismo.

Los temas son muy dispares y curiosos: el problema para cambiar billetes grandes en las tiendas, la justificación innecesaria de cualquier gasto que pueda parecer exorbitado, la velocidad de los taxistas en Montevideo o el amor por el mate y el dulce de leche. Aportarán conocimiento al foráneo y un gesto de asentimiento o indignación en el que conozca el país, según esté de acuerdo o no. Dejo a continuación algunos fragmentos del libro:

-¿Y vos qué hacés acá? -es la primera pregunta que se le hace aquí a cada extranjero que aparece, apenas uno musita un “buen día” y revela su acento.
Si la respuesta es tan vaga como la mía (vine porque me gusta), me miran como si fuera una extraterrestre. Las únicas respuestas que los uruguayos aceptan como válidas son:
-Soy segundo oficial del Consulado de Chipre.
-Me enamoré de un/a uruguayo/a.
-Vine a pasar aquí mi jubilación
-Me busca la Interpol.
Ante cualquiera de ellas, el curioso asiente, medianamente satisfecho, porque comprende que hay razones que, en contra de la voluntad del extranjero, lo fuerzan a permanecer aquí. De modo que con mayor o menor conmiseración lo dejan en paz. Lo que sin embargo no logran aceptar es que uno viva acá por la mera voluntad de hacerlo.

* * *

Si una mujer, por ejemplo, alaba los zapatos de otra, la respuesta de la segunda, invariablemente, es:
-¡Pero si los compré de oferta!
O, si los zapatos son visiblemente caros:
-Decidí hacer una inversión porque necesitaba un par de buenos zapatos que me duraran diez años, ¿sabés?
Y si alguien se compra un auto también debe justificarse, so pena de que los demás se pregunten en qué curro andará metido: “Decidí comprarlo porque lo van a usar hasta mis nietos. Con las cuotas no es tan difícil de pagar”.
-¿Así que fuiste al Caribe de vacaciones?
-Sí, pero ¿sabés que no es caro? Fijate, el pasaje cuesta…

* * *

¿Qué pasa con el cambio en este país? ¿No hay suficientes monedas, no hay bastantes billetes de baja denominación? Éste debe de ser el único lugar en el mundo donde un comerciante prefiere dejar de vender un producto antes que conseguir cambio para poder cobrarle a un cliente.
El resultado es que cada vez que le alargo un billete a un proveedor me tiembla un poco la mano, como el delincuente que entrega temeroso su cédula de identidad a un policía que se la pide por rutina.
“Me lo va a pedir, me lo va a pedir, me lo va a pedir”, recito en mi interior, como un mantra. Sudo frío. Hasta que finalmente lo escucho:
-¿Más chico no tenés?

* * *

Derrumbar la montañita o revolver la bombilla deben de ser las dos cosas que más enfurecen a los orientales, atacados en su más caro valor patrio. Equivale, en pequeña escala, a hacer estallar una embajada uruguaya en el exterior.
Los extranjeros somos la amenaza terrorista que se cierne sobre esa diminuta misión diplomática que es una matera y su contenido. Cada vez que cebo mi propia yerba debo esperar a que pasen los diez primeros minutos para que se aplaquen los comentarios de todos los presentes, que tienen muchas cosas que decir, más o menos ingeniosas, sobre la venezolana que está tomando mate. No entienden que uno ya pertenece al exclusivo club de los que explican con actitud suficiente el asunto de la montañita y del agua tibia previa.

Producción de material multimedia (audio y video) para el aula de lenguas extranjeras

Durante el mes de junio realicé un curso de producción de material multimedia (audio y video) para el aula de lenguas extranjeras, impartido por el Instituto Cervantes de Madrid. Tres de las prácticas que creé se pueden ver en internet.

  • El otro es una presentación de Prezi para dar a conocer a algunos autores de la Generación del 98 en España y animar a los estudiantes a que busquen más información sobre ellos u otros que no aparecen. Se repasan los tiempos verbales (presente, pretérito imperfecto y pretérito perfecto simple), los verbos ‘gustar’ y ‘poder’ y los adjetivos.
  • Por último, subtitulé un fragmento del El Intermedio (00:45-04:04; activar los subtítulos en CC si no se ven), un programa de la televisión española La Sexta. Adecuado para niveles B2-C1, sus objetivos son:
  1. Mediante el ejemplo de los cosméticos, recordar la expresión “¿Cuánto cuesta?”, que el alumno ya debe conocer de niveles anteriores.
  2. Saber explicar sus compras, por qué ha gastado, gasta o gastará dinero en algo.
  3. Expresar hábitos. En este caso, con el uso de productos de belleza.
  4. Vocabulario de cosméticos y productos de higiene personal (para ampliar en el aula).
  5. Repaso del vocabulario de las partes del cuerpo.
  6. Presentación de estructuras coloquiales (“por un tubo”, “ponerse guapa”) y del lenguaje oral (“porque oye”).